El goce inmediato no da lugar a lo bello, puesto que la belleza de una cosa se manifiesta mucho después, a la luz de otra. Lo bello responde a la duración, a una síntesis contemplativa. Lo bello no es resplandor o atracción fugaz, sino una persistencia, una fosforescencia de las cosas. La temporalidad de lo bello es muy distinta de la del desfile cinematográfico de las cosas.
La época de las prisas, su sucesión de presentes puntuales, no tiene ningún acceso a lo bello o lo verdadero. Solo cuando uno se detiene a contemplar, desde el recogimiento estético, las cosas revelan su belleza, su esencia aromática. El filósofo surcoreano Byung-Chul Han, ganador del Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025, nos invita a reflexionar sobre el arte de demorarse en un mundo acelerado.