Una mujer de hipil azul, con rostro cansado y una palangana bien tapada junto a sus pies, viajaba en una combi. Al llegar al Centro de Mérida, fue la primera en bajar y caminó con elegancia hasta perderse entre la gente. Más tarde, se la volvió a ver frente al HSBC de la calle 60, vendiendo hojas de chaya, pulpa de tamarindo, sunchos, mandarinas y flores. Lleva meses vendiendo ahí y toda su vida se ha dedicado a las frutas y flores de temporada. La autora le compró una bolsita de chaya. La historia destaca la importancia de consumir local y apoyar a las mujeres que salen a ganarse la vida con esfuerzo, amor y dignidad.